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miércoles, 29 de diciembre de 2010

El fotógrafo del tiempo


Jean-Luc Mylayne expone en el palacio de Cristal su visión de la naturaleza
ISABEL LAFONT - Madrid - 29/12/2010

Si hubiera que clasificar las fotografías de Jean-Luc Maylayne (Marquise, 1946) según el tiempo que tardaron en obtenerse, ocuparía sin duda el final de una escala que tendría su punto de partida en el fotoperiodismo. Lo suyo es la contemplación, la paciencia del cazador que espera en su puesto el paso de una pieza. Maylayne puede observar durante meses los hábitos de un gorrión, un estornino o un carbonero a la espera de la luz, el encuadre y el enfoque perfecto. Así ha elaborado unas 500 fotografías a lo largo de 32 años. Son copias únicas en color, de gran formato y, hasta el 4 de abril, el palacio de Velázquez (más conocido como palacio de Cristal) acoge una muestra de las mismas, en la primera retrospectiva de este artista que se presenta en España.

"Son fotografías que no tienen nada que ver con el instante decisivo del que hablaba Cartier-Bresson", explicaba Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía -responsable de este espacio expositivo-, durante la presente la presentación de esta muestra. "Son imágenes en las que hay algo de verdadero y algo de construido, de artificial. Hay un tiempo humano y un tiempo geológico porque la naturaleza está presente, no una visión romántica de la misma, sino una visión basada en el silencio", añadía Borja-Villel. Maylayne no pretende documentar la naturaleza que observa, a pesar de que los títulos de sus imágenes recojan un número de inventario seguido del tiempo que tardó en tomarlas. "La totalidad de la obra está muy comprometida con la metafísica y hay que prestar a esto tanta atención como a los detalles concretos", ha explicado la subdirectora del Museo Reina Sofía. Lynne Cooke. Maylayne no fotografía una naturaleza salvaje, sino espacios como ranchos o granjas de Francia o Estados Unidos en los que existe un diálogo entre seres humanos y animales. "El artista no solo diseña el espacio, sino la puesta en escena: siempre sabe dónde va a estar el pájaro en la imagen", señala Cooke. Pero, como subraya el escritor y crítico de arte Javier Montes, autor de uno de los textos que figuran en el catálogo de la exposición, "ni siquiera son los pájaros el asunto principal de su trabajo, hasta cierto punto funcionan como pretexto de un subtexto denso y complejo de conceptos relacionados con la mecánica de la percepción visual, espacial y temporal. Al final, de ellos acaba por desprenderse todo un sistema filosófico". Todo un cuerpo de reflexiones sobre asuntos como el ciclo de vida y muerte, el desgaste de los recursos naturales o la interdependencia del hombre y la naturaleza.

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